Reseña de “A todos los pueblos” en Sal Terrae

Sal Terrae 99 (2011), 268-269

AIN KAREM, A todos los pueblos, Ed. Fonoruz, Córdoba 2010.

Ain Karem nos ofrece en su quinto CD un trabajo de gran calidad, tanto musical como pastoral.

A todos los pueblos es un disco que expresa con convicción, en cada detalle, el mensaje que nos invita a recibir y que, en palabras del propio Ain Karem, es el siguiente: «para todos los pueblos es el Evangelio de Jesús, que se traduce y expresa a través de mil lenguas y culturas distintas […] para que la alegría de su salvación llegue a cada persona… a todos los pueblos». Como en los discos anteriores, cada canción trasluce una fuerte inspiración bíblica. Algunas, como He venido a servir, Alegraos conmigo y Señor mío y Dios mío, ponen música a pasajes del Evangelio. Otras, como Yo soy el que vive, Los «incontables» y La mujer Cananea, nos permiten asomarnos a la manera en que sus autoras los han orado y vivido. En unas y en otras, de diversas maneras, surge clara y sencilla la gran Buena Noticia del Dios encarnado: Dios de justicia y compasión, Dios que invita a la alegría de la mesa compartida y al encuentro con Él desde lo más auténtico de nuestra humanidad. La música y el canto se vuelven oportunidad de adentrarnos en la belleza del Evangelio para contemplar de una manera nueva el modo en que Dios se nos ha querido acercar, haciéndose nuestro hermano, siervo y Señor. La universalidad de la Buena Noticia queda plasmada en el disco de manera armónica y sugerente a través de los diversos estilos y arreglos musicales. A todos los pueblos nos acerca a las «mil lenguas y culturas» a través de la música. Del clásico violín y el énfasis en lo vocal –sugiriendo influencia del canto gregoriano– que encontramos en Señor mío y Dios mío, pasamos al ritmo de la percusión del yembe africano en Kolokoso. De la inspiración latinoamericana, las flautas y harangos de He venido a servir, pasamos a la pasión flamenca de El siervo. Así, quien escucha va empapándose de «los pueblos», su belleza, sus notas distintivas y su vocación común: la vida plena ofrecida para todos en Jesús. Pero no solo se nos presentan las culturas de los diversos pueblos. La mezcla reggae y country de Atraviesas, la melodía clásica de Somos del Señor y la sencilla propuesta de Fuertes, humildes y diligentes también nos invitan a acoger la diversidad de culturas en cada pueblo y en cada comunidad eclesial… Una y otra vez, las letras, los instrumentos, la intencionalidad de la interpretación vocal y los estilos musicales nos insisten en la universalidad del Evangelio y en la misión común de todos los creyentes. En síntesis, nos encontramos ante una obra que logra presentar con gran coherencia y cautivadora armonía el anuncio alegre y esperanzador que la inspira. Es música para orar desde los trazos y colores de pasajes del Evangelio, para contemplar a un Jesús que emerge lleno de pasión por el Reino, para celebrar y cantar en comunión con otros, para renovar la entrega de la propia vida, para que otros y otras tengan más vida… porque el amor no tiene fronteras, porque hemos sido enviados a anunciar la salvación a todos los pueblos…

Carola Montero, ACI

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